Nunca he odiado el tráfico, de hecho lo disfruto cuando no hay prisa, cuando me acompaña la fidelidad de mi ipod y puedo estar sola conmigo misma, con mis pensamientos. Suelo repasar en dónde estoy parada, qué de todo lo que busco para mi vida he conseguido, qué me falta, qué debo hacer para no detenerme en el camino, para no reducir la marcha.
Hoy fue uno de esos días...lluvia, más autos que calles, más tranquilidad que movimiento, más altos que sigas...y lo hice de nuevo, me volví a mis propios pasos, y estabas tú. Claro y nítido, como si nunca te hubieras ido, como si no quisiera soltar tu mano por miedo a no volver a encontrarla nunca más. No sé cómo borrarte, no me he atrevido ni a preguntarme cómo hacerlo, porque no quiero, pero debo. Lugares, personas, autos, canciones...todos tienen tu nombre escrito, y no lo hace más fácil que mi mente y mi alma también lo tengan, es como si te dibujara con absolutamente todo lo que me rodea, y aunque el dolor es insoportable, al menos así siento que aún me perteneces...en pensamientos, en recuerdos.
Y entonces me pregunto, ¿me extrañas? ¿Acaso piensas en mi, en los planes truncados, en los momentos que no se van a repetir nunca, en cómo te sentirás si algún día me ves caminar por la calle de la mano de otro? Yo no me atrevo ni a pensarlo, me destroza el alma. ¿Qué haces en este preciso momento, en el que yo dejo de hacer por pensar, por pensarte, por llenar con imágenes en mi cabeza las que ya no puedo ver, las que ya no puedo vivir?
Si todo esto que me pregunto nunca ha pasado por tu cabeza, entonces, por favor, enséñame a olvidar...porque no puedo, no sé hacer eso, y mucho menos cuando no puedo dejar de quererte ni un poco menos de lo que lo hacía hace unas semanas, cuando nada me detenía para decírtelo, cuando ni en mis más remotos sueños pensé que mis emociones se convertirían en una pesadilla, que pasarían de ser el motor de mi vida a ser el lastre que no logro dejar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario